Una historia de amor en el pecado

En esta entrada vamos a hablar acerca de uno de los encuentros que una mujer, pecadora y discriminada en la época, tuvo con Jesús, y la cual le cambió.

Los encuentros con Jesús son encuentros únicos en los que las personas experimentan un cambio en su vida, en su forma de verla y de vivirla, pues este encuentro es uno de los más gratificantes de su vida, pues es único e irrepetible.

Esta historia nos habla de una mujer pecadora, la cual entra a la casa donde se encontraba reunido Jesús con un fariseo, Simón, y empieza a lavarle los pies con perfume y a secárselos con
sus cabellos. El fariseo expresa su descontento hacia la acción de esta mujer, pero Jesús la defiende haciendo ver como ella está llena de amor hacia él. La mujer al entrar en casa del fariseo rompe con la norma de que las mujeres no podían salir de su casa sin permiso y acompañamiento de su marido, hijo o cualquier barón con un vínculo con ella. La mujer era una pecadora, discriminada por ser una prostituta y asediada por la sociedad al no poder cambiar esta situación. Su encuentro con Jesús cambia su forma de vida, Jesús le hace ver que aunque para la sociedad está discriminada, ella realmente vale más y tiene más amor para el mundo que los demás y siente un cambio radical  en su vida y comienza a seguir a Jesús.
Jesús explica al fariseo el por qué de este amor de la mujer. Simón se queda anonadado y sorprendido ante este acto de Jesús con la mujer, la cual para ella no podía estar allí y hablar directamente con Jesús, no deja de expresar su descontento y sorpresa ante la situación.

A día de hoy, este acto se ve reflejado en nuestra sociedad con personas como los denominados ´yonkis´ mayormente conocidos en Andalucía como drogatas.Estas personas las vemos alejadas a nosotros, no las queremos tener cerca y a menudo los evitamos o los miramos mal al verlos, sin pararnos a pensar todo lo que han podido pasar o sufrir hasta llegar donde se encuentran. Si viésemos, por ejemplo, a una de estas personas ayudando a los demás en vez de ser ayudados o esperando ser ayudados por nosotros, crearía una desconfianza y sorpresa en nosotros, y seríamos el Simón de la época de Jesús.

Muchas personas discriminadas no lo están por gusto, sino que somos nosotros mismos los que día tras día les creamos desconfianza y humillación por actos de los que igual se sientes arrepentidos, y no pensamos en que puedan sentir o pensar y tendemos a culparles de sus actos sin valorar sus sentimientos. 




El mundo de amor que Jesús quería para nosotros no tiene que apagarse, tiene que seguir brillando a través de nosotros y no dejar que una persona, que igual puede llegar a sentir o querer más que nosotros mismos, sea oprimida por nosotros.
LUIS MAHAVE Nº5
ELENA REINA Nº22
ÁLVARO NOBLEJAS Nº15