María Magdalena fue una mujer pecadora, de la que Jesús expulsó 7 demonios. Si hacemos referencia a su nombre, probablemente era proveniente de Magdala, una ciudad en la costa suroeste del Mar de Galilea. Después de que Jesús expulsó 7 demonios de ella, se convirtió en una discípula suyo.
María Magdalena tenía una mala reputación. Tenía fama de pecadora, quien supuestamente lavó los pies de Jesús, aunque no existe base bíblica para eso; además en la ciudad de Magdala, se pensaba que era prostituta. A pesar de eso, María nunca se identificó como tal.
Ella era una mujer pecadora antes de conocer a Jesús, tanto que aunque la Iglesia católica no lo confirme, se dedicaba a la prostitución. Ya sabemos que en esa época la mujer tenía un papel muy inferior a los hombres, y mucho peor era considerada la mujer realizando esos trabajos o incluso cualquier otro trabajo que saliese de lo que era considerado correcto para las mujeres. Además de que de ella salieron siete demonios, por lo que todavía más impura se la consideraba.
En este caso, vamos a hablar de ella como la primera testigo de Jesús resucitado, a la que Jesús le encarga la misión de mensajera.
María fue una de las seguidoras más importantes para Jesús. Después de enterarse de la muerte de su maestro, ella y todos los demás discípulos empezaron a cuestionarse si de verdad era el Mesías.
Su muerte supuso un duro varapalo para ella, puesto que era la persona en la que más confiaba, y a la que había seguido y escuchado, por lo que después de enterarse de esta noticia estalla en dolor y desesperación. En esta situación decide ir al sepulcro, pero lo hallaron abierto y vacío, así que rompe a llorar porque el cuerpo del Señor, su último recuerdo no está. María lloraba tanto que no se dio cuenta de los dos ángeles vestidos de blanco que se situaban donde anteriormente estaba el cuerpo del maestro. Estos al verla llorar tan angustiosamente le preguntan el porqué, a lo que ella les responde que alguien se llevó el cuerpo de su Señor y no consigue encontrarlo. María estaba tan rota de dolor que la aparición de estos dos ángeles, los cuales iban a anunciarle algo, no la sobresaltó, así que los dos mensajeros no fueron capaces de transmitirle nada. No fue hasta que se giró y se encontró con Jesús, que le confundió por un hortelano el cual se había llevado dicho cuerpo. No era capaz de reconocerlo porque el dolor la cegaba profundamente. Jesús le gritó su nombre e inmediatamente María le contestó Rabboni (Maestro en arameo). Jesús le pide que cambie de actitud para que sea ella la que pueda anunciarles este mensaje de alegría a los demás discípulos.
Hoy, para los cristianos esta aparición se puede vivir tanto en los momentos más felices, como en los más duros. Significa que Jesús siempre estará presente, no importa cuál sea la situación.
Como opinión personal este relato nos enseña que por muy dura que sean las situaciones que vivimos, en las que pensamos que el mundo está en contra nuestra y en donde la situación nos supera tanto que entramos en un estado de desesperación, en el que probablemente pensemos que Jesús se ha olvidado de nosotros, no debemos perder la poca esperanza que tenemos porque aunque no podamos ver a Jesús, Él nunca nos abandona, al contrario, carga con nuestros temores y malos momentos y celebra con nosotros los buenos.
(María Magdalena fue un personaje tan importante en esta historia que incluso su historia fue llevada al cine).